Empezamos a practicar ciclismo urbano en el año 2015. En las rutas a través de la ciudad siempre éramos dos personas: Isabel y Moisés, pero desde el año 2016 nuestro hijo Máximo nos acompaña (en su sillita) en la mayoría de ellas.

Usar la bicicleta en nuestros desplazamientos nos ha enganchado y nos ha hecho cambiar nuestra forma de vida. Con este blog queremos transmitir nuestra pasión a todos aquellos que no se atreven y también compartir con otros «riders» experiencias para enriquecernos mutuamente.

Nuestra historia:

La verdad que podría quedar muy bien una bonita y pomposa historia de por qué y cómo empezamos a usar la bici en nuestros desplazamientos por ciudad. Pero, sinceramente, no la hay.

Lo cierto es que no empezamos a usar la bici por los demás. Evidentemente éramos conscientes de que usar menos coche supone menos polución y desde siempre hemos tenido una gran conciencia ecológica: reciclar, reusar y reutilizar. Especialmente con el plástico. Pero la realidad de empezar a usar la bici fue otra: lo hicimos porque nos interesaba.

Nos interesaba llegar a nuestro barrio y no tener que estar dando vueltas durante 30 minutos hasta encontrar un aparcamiento, nos interesaba acceder a zonas de acceso restringido a vehículos y poder disfrutar de ellas sin tardar demasiado tiempo en llegar; y nos interesaba, hacer un poco de ejercicio para combatir la vida sedentaria que llevábamos.

El primer contacto con bicicletas urbanas fue en Washington. Fue allí donde empezó nuestra pasión. Para visitar el Mall decidimos alquilar unas bicicletas del servicio público. La experiencia fue tan agradable que decidimos desplazarnos en nuestra ciudad de la misma manera. Como no había demasiado espacio en casa nos decantamos por comprar unas bicicletas plegables (B-pro PS50), opción perfecta para nuestra pequeña terraza.

Y desde mayo de 2019, hay un nuevo «miembro» en la familia: una Orbea Berria que también utilizamos. Esta la adquirimos de segunda mano y duerme en la calle.